VESTIRSE DE BOSQUE Y VOLVERSE TERNURA - LAS EMPAPADAS POR EL VIENTO
Bitácora de proceso – Taller de Teatro Performativo I
Maestría en Teatro y Arte Performativo. U.N.A.
Cristina Rojas y Cecilia Agel
-Vestirse de bosque
Permitir que el cuerpo se vuelva territorio. Construir la identidad en vínculo con el entorno.
Seguimos construyendo desde la poética del territorio, donde el cuerpo se funde con el paisaje a través del vestuario. El bosque no es solo escenario, también es vestuario, se convierte en una segunda piel que permite que el cuerpo dialogue con el entorno, lo habite, lo extienda.
Los verdes profundos, los ocres, los marrones y los grises del bosque patagónico se trasladan al cuerpo donde se replica la paleta del entorno. El cuerpo, al vestirse de bosque se vuelve parte del paisaje. El color funciona como estrategia de integración. Como camuflaje y como símbolo de pertenencia.
Las texturas del vestuario, de las ramas y cortezas, buscan remitir lo táctil, lo vivido. Hay una materialidad que habla de lo natural, pero también de lo intervenido: el cuerpo se cubre con elementos que fueron recolectados, seleccionados, cosidos. La costura aparece nuevamente como forma de cuidado, pero a la vez es áspero, es rugoso, crujen al contacto, desprenden pequeñas astillas, y su superficie se vuelve quebradiza, las ramas generan tramas irregulares. La textura relata.
Este video se inscribe en el proceso de exploración de los conceptos de protección y desprotección, proponiendo una mirada contradictoria, donde las ramas lastiman el cuerpo al ser vestuario y no dan protección de ningún tipo, pensando en un vestuario que abrigue o proteja del sol, pero a la vez el cuerpo se protege poéticamente al volverse paisaje.
-Volver a la ternura
Construyendo identidad en el territorio a partir de la vivencia.
El cuerpo es parte de este territorio mar que muchas veces salva y acompaña. En este devenir mujer/mujeres, en este territorio el nailon se cubre de lo suave, lo que nos atraviesa, lo que nos cuesta.
Los osos aparecen en la búsqueda de la ternura en este contexto duro y hostil que suele ser la maternidad. El mar se vuelve inmenso e inacabable como el mundo, la pollera busca acompañar el proceso desde la suavidad, la ternura, y aparece una protección qué es frágil, pero suave al menos.
La materialidad para el vestuario llega desde el día a día, desde el rol de Madre, a la que le cuesta y a veces se vuelve dura. Los osos vienen a suavizar y a recordar la ternura y paciencia necesaria, desde la suavidad de su textura.
Las ramas cortan, duelen y los osos sanan y acarician.
-El cuerpo como paisaje
Este proceso nos permitió reconectar con nuestras raíces, con el viento que nos atraviesa y el mar que nos sostiene. El cuerpo se volvió territorio, y el territorio, extensión del yo. La costura como gesto colectivo, como forma de protección, como acto político y poético.
Seguimos caminando, empapadas por el viento, permitiéndonos habitar lo que somos, incluso cuando lo que somos está en transformación.


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